Los más recientes en la nueva generación de cascos de realidad virtual, los modelos Oculus Rift S y Oculus Quest —ambos desarrollados por la empresa californiana Oculus, afiliada al gigante Facebook— llegan al mercado para suceder al primer Oculus Rift.
Fruto de cuatro años de experiencia, estos cascos diseñados para todos —tanto particulares como profesionales— tienen características y particularidades que los diferencian entre sí.
A continuación, te resumimos estas diferencias para ayudarte a hacer la mejor elección.
Presentación general
El Oculus Quest y el Oculus Rift S son dos cascos de realidad virtual con peso y dimensiones similares.
De hecho, el Oculus Rift S pesa solo unos gramos menos que el Quest (563 contra 571 gramos), mientras que sus dimensiones (275 x 95 x 133 mm) son ligeramente inferiores a las de su homólogo (193 x 105 x 222 mm).
Ambos están equipados con el mismo sistema de audio open-ear, que también cuenta con un conector jack de 3,5 mm para conectar auriculares externos.
Los mandos Touch —muy ergonómicos— también son similares en ambos modelos (esta similitud permite, de hecho, instalar una misma experiencia en ambos cascos tras una sola compra en la tienda, gracias especialmente a Oculus Link).
Además, ambos integran la tecnología de seguimiento "6DoF Oculus Insight", por lo que no requieren sensores externos en la sala de juego para poder utilizarse.
Diseñado para funcionar sin sensores externos, el Oculus Rift S trabaja, sin embargo, en sinergia con un PC VR Ready (ordenador capaz de ejecutar contenidos de Realidad Virtual); mientras que el Oculus Quest —completamente autónomo— integra todos los componentes necesarios para su correcto funcionamiento dentro del propio casco.
Comparación de características técnicas
En cuanto a la pantalla, el Oculus Rift S está equipado con un panel tipo LCD con una resolución de 1280x1440 píxeles por ojo, y una tasa de refresco de 80Hz.
Su campo de visión es de 110 grados.
Por su parte, el Oculus Quest tiene una pantalla Dual OLED con una resolución de 1440x1600 píxeles por ojo y una tasa de refresco de 72Hz.
El campo de visión parece ligeramente inferior al del Oculus S, ya que alcanzaría los 100 grados, aunque esta cifra no ha sido confirmada oficialmente por el fabricante.
En cuanto a similitudes, ambos cascos VR cuentan con el mismo sistema de seguimiento inside-out nativo (sin sensores externos), llamado "6DoF Oculus Insight", lo que los hace mucho más fáciles de usar que el Oculus Rift (que requería instalación de sensores en la sala de juego).
Pequeña diferencia: el Oculus Rift S tiene 5 cámaras frontales, mientras que el Oculus Quest tiene una menos.
En términos de ergonomía, ventaja para el Oculus Quest, que puede utilizarse de forma autónoma (gracias a una batería que puede durar entre 2 y 2,5 horas), mientras que el Oculus Rift S necesita estar conectado a un ordenador para funcionar.
Este punto técnico es precisamente la principal diferencia entre ambos cascos.
¿Qué modelo para qué uso?
Aunque presentan algunas similitudes, los dos cascos están diseñados para usos completamente diferentes.
De hecho, el Oculus Rift S es un casco VR puramente pensado para profesionales y gamers, ya que funciona en combinación con un ordenador lo suficientemente potente como para ejecutar los contenidos más exigentes, con gráficos extremadamente detallados.
Si adquieres el Rift S, deberás tener previamente una máquina equipada al menos con una tarjeta gráfica Nvidia GTX 1060 o una AMD Radeon RX 480, lo que equivale idealmente a un ordenador capaz de soportar perfectamente los contenidos inmersivos con alta demanda gráfica.
De este modo, podrás disfrutar de tus experiencias inmersivas favoritas —con los gráficos más detallados posibles— conectando simplemente el casco VR a tu ordenador VR Ready.
Por el contrario, si buscas sobre todo un dispositivo portátil y ergonómico —aunque implique sacrificar algo de potencia gráfica— el Oculus Quest puede ser un excelente compromiso.
Funcionando de manera autónoma —gracias en particular a su batería que puede durar más de dos horas— este se conforma con un procesador móvil Snapdragon 835 y una pantalla de 72Hz, lo que te aleja de los contenidos más exigentes a nivel gráfico.
Más que un simple capricho, la elección entre estos dos modelos depende realmente de tu filosofía y tus deseos en cuanto a experiencias de Realidad Virtual.
Nuestra opinión
El Oculus Rift S:
Después de la primera versión del Oculus Rift —que fue el casco insignia de la marca durante 3 años— el Oculus Rift S tiene muchas cualidades para convencer a los usuarios más exigentes.
Gracias a su inserto facial muy ergonómico, es de hecho uno de los cascos VR más cómodos del mercado; todo el dispositivo (sensores, mandos, casco) es, además, mucho más fácil de transportar que el primer Oculus Rift.
Esta nueva organización hace que la experiencia de juego sea muy fluida, con la creación de un verdadero roomscale sin sensores externos y ocupando solo un puerto USB.
Los mandos Oculus Touch —incluidos con el casco— son muy fáciles de usar y permiten una interacción perfecta con tus experiencias de Realidad Virtual.
El seguimiento de movimiento es muy fiable y prácticamente no hay efecto de rejilla perceptible en la pantalla.
Algunos podrán lamentar la ausencia de auriculares integrados —sustituidos por mini-altavoces— lo que puede hacer que la experiencia sea menos inmersiva de lo que debería.
No obstante, sigue siendo el mejor periférico VR actual para disfrutar plenamente de los juegos de realidad virtual más recientes, en combinación con un ordenador compatible.
El Oculus Quest:
Diseñado para una experiencia nómada, el Oculus Quest es el casco de Realidad Virtual que apuesta por su autonomía para seducir a los usuarios que desean una experiencia aceptable sin tener un PC compatible.
El casco, también muy cómodo, funciona perfectamente tras una configuración inicial rápida y sin complicaciones.
Gracias a su pantalla de muy buena calidad y a la buena sinergia entre casco y mandos —cuyo tracking está perfectamente garantizado— el Oculus Quest ofrece una muy buena experiencia de juego, en un roomscale completamente satisfactorio.
Al igual que el Rift S, la ausencia de auriculares integrados puede notarse, aunque dispone de una toma jack para conectar tus auriculares favoritos y garantizarte una inmersión sonora óptima.
Los jugadores más exigentes también podrían lamentar la relativa debilidad de la batería integrada en el dispositivo; dos horas de juego pasan rápidamente, especialmente en una experiencia tan inmersiva como puede ser la realidad virtual.
Sin embargo, siempre tendrás la posibilidad de añadir una batería externa a tu Oculus Quest, multiplicando su autonomía por cuatro (¡ocho horas en total!).
Conclusión
En un mercado donde Oculus sigue siendo el líder indiscutible de los cascos VR, los modelos Quest y Rift S ofrecen posibilidades interesantes para todo tipo de usuarios (particulares y profesionales), así como para los usuarios nómadas. Así, los más puristas apreciarán la alternativa que ofrece la firma californiana, al comercializar un producto VR de gama alta junto a un modelo tan portátil como ergonómico.